Cibermercenarios: los profesionales que están de moda

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La figura del cibermercenario de alta profesionalidad que trabaja a cambio de dinero junto con otros expertos del crimen en la red está en plena expansión por el interés de organizaciones e incluso estados de «externalizar» sus servicios de ciberataque y evitar así posibles vinculaciones con los mismos.

Según expertos en seguridad, grupos organizados de piratas informáticos de alta cualificación están siendo contratados por compañías estatales y privadas para organizar e implementar complejos ataques con objetivos muy específicos, habitualmente contra empresas para robar información o destruir datos e infraestructuras.

En declaraciones a EFEfuturo, el analista de Kaspersky Labs Vicente Díaz ha explicado que los datos de investigaciones de expertos en seguridad apuntan a que la tendencia a contratar este tipo de servicios seguirá en aumento, dado el incremento de la actividad de espionaje que se está produciendo entre grandes compañías y los propios estados.

En vísperas del congreso anual que celebrará la próxima semana Kaspersky en México para analizar aspectos tan controvertidos como la vigilancia masiva de datos en internet o el ciberespionaje y posibles herramientas para combatirlo, Díaz ha detallado algunos de los rasgos que identifican a estos grupos de cibermercenarios, cada vez más activos.

Ataques rápidos

En general, trabajan organizados en grupo con otros expertos cualificados del cibercrimen, tienen objetivos de espionaje muy limitados, tanto en el tiempo de preparación de los ataques, que no suele llevarles más de dos semanas, como en sus objetivos, habitualmente muy bien identificados y dirigidos contra empresas diversas, según a la que presten sus servicios en cada momento.

«Dedican poco tiempo a la investigación de las víctimas porque las tienen bien definidas previamente y los ataques los hacen de forma muy rápida», sin perder demasiado tiempo, porque tienen más negocios pactados con otras compañías.

A veces incluso, estos grupos son empresas de seguridad que han visto en este mundo de las ciberamenazas un nicho de negocio prometedor; de hecho, «la demanda de este tipo de servicios supera con creces la oferta». En general, ha añadido, las organizaciones o Estados que recurren a cibermercenarios pueden hacerlo por varios motivos.

Normalmente, para evitar en los ataques que ordenan posibles rastros que pudieran vincularlos, pero también porque las empresas que solicitan estos servicios carezcan de profesionales preparados para atacar sin ser descubiertos.

Puede suceder asimismo que se subcontraten cibermercenarios porque se requieran acciones rápidas que llevaría demasiado tiempo y recursos planificar y ejecutar.

Negocio de mafias

Este pujante mundo de las ciberamenazas es precisamente «el más rentable de las mafias», ha asegurado, por su parte, el director del Máster en Ciberseguridad de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Business School, César Martín Lara, con motivo de la celebración ayer del Día Internacional de la Internet Segura.

De hecho, el fondo es siempre el mismo: «robar, es decir, obtener información con la que luego se pueda hacer negocio», ha añadido.

Por otra parte, Estados Unidos acaba de anunciar la creación de una nueva agencia dirigida a amenazas cibernéticas; según la asesora de seguridad nacional y lucha antiterrorista del presidente Barack Obama, Lisa Mónaco, las ciberamenazas contra EEUU están aumentando «en frecuencia, escala, sofisticación y gravedad del impacto».

De acuerdo a sus datos, países como Rusia, China, Irán o Corea del Norte tienen ya «capacidad» para ejecutar ataques en internet.

By ABC Tecnología

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¿Está realmente la tecnología matando a la creatividad?

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Tras el escándalo al que se enfrentó Sony por el espionaje cibernético al que fue sometida (y que hizo que la compañía viese como la red se llenaba de mails confidenciales filtrados, como salían a la luz datos personales de sus estrellas y como demasiadas cosas que no debían saberse eran de pronto sabidas), los directivos de la firma decidieron tomar una decisión sorprendente y bastante impresionante y dieron el salto de vuelta atrás a por lo menos unas décadas. Viejas BlackBerrys fueron rescatadas de los almacenes porque su sistema de correo emplea un encriptado propio, pero además los gestores de la firma tuvieron que recuperar las viejas libretas de cheques para pagar a los empleados. Empleados, por otra parte, que tuvieron que echar mano de las libretas de toda la vida para trabajar, en vez de encender su ordenador.

En el caso ­ muy comentado ­ de Sony, fue un ataque informático el que hizo que la firma se lanzase en brazos del papel, de los viejos dispositivos tecnológicos y de las máquinas de fax, pero lo cierto es que no es la única compañía que en los últimos tiempos se ha enfrentado a una vuelta al pasado. Otras también lo han hecho, aunque por razones menos dramáticas que las de Sony. Hay quien apaga de vez en cuando la tecnología (como hizo aquel periodista de The Verge durante un año) para saber si esta está cambiando demasiado su vida. Y hay quien lo hace porque teme que todo el universo tech esté acabando para siempre con la creatividad. Y la creatividad, en industrias como la de la publicidad, es un bien que hay que custodiar.

Eso es lo que hizo una agencia publicitaria estadounidense. LPK, una firma de publicidad de tamaño considerable y con cuentas millonarias (véase Procter&Gamble), apagó durante un día al completo todos los dispositivos electrónicos para ver cómo la vuelta total a lo analógico afectaba a sus modos de trabajo.

Los trabajadores tuvieron tiempo para prepararse (pudieron imprimir todo aquello que iban a necesitar y que estaba en sus servidores antes de que se produjese el apagón electrónico) pero cuando llegó la hora de la verdad todos ­ sin importar que tuviesen conference call transoceánicas ­ tuvieron que dejar sus dispositivos electrónicos. Portátiles, tabletas, smartphones y similares fueron encerrados, dejando a los empleados de la compañía únicamente con el universo analógico como ayuda. Por apagar, hasta apagaron los medios de comunicación: uno de los trabajadores fue a primera hora de la mañana a buscar los diarios del día en papel al kiosko de la esquina.

Y eso cambió todo el proceso de trabajo: para hacer una sesión de naming tuvieron que echar mano de los Post-­its y de un diccionario o los analistas de tendencias tuvieron que trabajar con gráficos impresos. Los resultados del experimento, como publica Quartz, que estuvo presente en la jornada, fue que de entrada fueron más productivos. Las reuniones no se hicieron eternas, porque los reunidos estaban atentos y por tenían distracciones que les hiciesen pensar en otra cosa. Recortaron tiempos y tomaron decisiones más rápido. Además, las cosas se hicieron de forma mucho más sencilla y con menos vueltas y complicaciones: presentar unos resultados no implicó ni PowerPoint ni añadir información de redes sociales. Fue coger los números y simplemente fotocopiarlos.

Aunque para algunos trabajadores estar desconectados de la red y de la tecnología generó estrés (al fin y al cabo, tuvieron que perder el tiempo localizando a los trabajadores con los que querían hablar, por ejemplo), lo cierto es que para otros fue una manera de ser mucho más eficientes. Los departamentos creativos realizan un elevado número de actividades sin que la red y la tecnología sea fundamental, apagarla solo la elimina como fuente de distracción y hace que se centren en lo que realmente se tienen que centrar.

Entonces, ¿es este el ejemplo práctico e indiscutible de que la tecnología está acabando con la creatividad y que apagarla no hará más que traerla de vuelta?

Creatividad vs tecnología, una batalla sin tregua

La creatividad y la tecnología están enfrentadas en una guerra sin cuartel, o al menos eso es lo que se podría pensar si se tiene en cuenta la avalancha de artículos, opiniones y análisis que se están lanzando sobre el tema. ¿Ha conseguido la tecnología anular para siempre el peso del simplemente trabajo creativo? ¿Tiene algún sentido sentarse a simplemente esperar a las musas cuando el big data puede predecir perfectamente lo que el consumidor quiere encontrar?

Al fin y al cabo, el potencial de la predicción ha tocado ya todos los campos y lo que se espera del futuro es desde productos en el supermercado que responden a las necesidades específicas de cada grupo de población hasta novelas en las que el final no va a desilusionar nunca al lector porque estará marcado por lo que el análisis dice que va a ser el elemento determinante para el éxito.

Las listas de síntomas de que la tecnología está tomando la mano de la creatividad son siempre muy largas. En el caso de la industria del marketing abarcan al hecho de que los algoritmos estén empezando a dominarlo todo (hasta el cómo se compra publicidad en televisión), a que la separación de consumidores y el entenderlos venga marcado por ello o a la creciente importancia que las herramientas tecnológicas tienen en el día a día de la industria.

Las empresas de marketing están de hecho gastando cada vez más dinero en nuevas tecnologías, invirtiendo más y más en conseguir herramientas que simplifiquen su trabajo. Según previsiones de IDC, de aquí a 2018 gastarán más y más en tecnología, tanto que solo 2018 invertirán en esas herramientas 32.300 millones de dólares (algo más de 25.000 millones de euros), lo que supone si se tiene en cuenta lo que se está gastando ahora un ratio de crecimiento del 12,4% anual. El software será empleado para gestionar relaciones, producir y controlar contenidos o para captar datos y conseguir así acumular información sobre los consumidores (el tan llevado y traído big data).

Y a esta situación se suma el hecho de que cada vez más los perfiles claramente tecnológicos tienen una elevada demanda en terrenos que hasta ahora solo eran creativos. El futuro de las marcas pasa por hacerse con matemáticos, data scientist, futuristas o expertos en dispositivos móviles. Ellos serán los que tomen por asalto el terreno de la gestión de la marca.

 Pero la creatividad no está moribunda

Pero aunque las pistas podrían indicar que la creatividad está un tanto herida de muerte, lo cierto es que no está por completo moribunda. Lo cierto es que el ser humano es creativo y aprecia los esfuerzos de creación de los demás. Uno de los anuncios que más éxito ha tenido en los últimos años y que se convirtió en un viral, el de Cadbury y un gorila, fue rechazado antes basándose en todos los análisis predictivos y techies que se podían aplicar. La ciencia decía que no iba a llegar al consumidor. Pero el consumidor recibió encantado una idea tan creativa.

Además, no hay que dejar que la tecnología ciegue. Las herramientas tecnológicas son capaces de dar información y de crear respuestas muy fiables y muy eficaces pero no son capaces de verlo aún todo. No hay más que fijarse en una de las corrientes emergentes dentro del big data. ¿Cuáles son los profesionales que los expertos en big data empiezan a recomendar como fichaje indispensable para conseguir triunfar? Su nombre es data artist y ni es un matemático ni es un científico. El data artist es simplemente un espíritu creativo. De hecho, el perfil que tienen estos profesionales se aleja mucho de lo que se da por sentado en el mundo de los analistas de datos. Muchos de ellos vienen del terreno del arte, o de los museos, y son fichados porque son capaces de ver más allá de los números, de los totales de información.

 

By PuroMarketing

De lo intangible a lo tangible: La evolución de las compras en los consumidores online

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Una de las razones por las que el ecommerce está acabando con el comercio tradicional en algunas categorías es que la forma de consumir ciertos productos ha cambiado de lo tangible a lo electrónico. Primero pasó con la música, luego con las películas y ahora está pasando con los libros. Los productos dejan de ser físicos para convertirse en un archivo electrónico.

No es que no hayan existido intentos para que la compra de productos electrónicos se desarrollase en espacios físicos. En el verano del año pasado, por poner un ejemplo cercano, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros anunciaba que acababa de firmar un acuerdo con Tagus, el ecosistema del libro electrónico de Casa del Libro, para que los libreros de toda la vida pudiesen vender ebooks en sus librerías. Funcionarían como un punto de venta tradicional, con las recomendaciones del librero de siempre, pero se compraría de forma poco tradicional, mediante tarjetas de descarga que serían la llave para hacerse con esos productos.

Barnes & Noble, el gigante de las cadenas de librerías estadounidenses (y posiblemente uno de los más grandes del mundo), incluyó en sus tiendas físicas puntos de dinamización de Nook, su plataforma de ebooks, y la apuesta no salió todo lo bien que querían. Por dar, llegaron hasta a dar    ebooks gratis a quienes fuesen con su e-reader a las tiendas. A pesar de que las tiendas físicas de Barnes & Noble son una plataforma para vender ebooks, con una tecnología que permite ir a ellas y comprar libros electrónicos, para muchos todo el entorno ebook está canibalizando la marca y la cadena de librerías ha creado a su enemigo, no ha conseguido que cubra lo que pierde por la menor venta de libros de papel y sobre todo lo ha metido en casa.

Todos estos intentos por cubrir en tienda física lo que la venta electrónica está haciendo perder por culpa de las versiones electrónicas puede que hayan estado, desde un primer momento, condenados. Un estudio de Nielsen sobre ecommerce permite concluir que los usuarios están más que abiertos a comprar productos como ebooks en las tiendas online y posiblemente escasamente receptivos a hacerlo offline. De hecho, la intención de compra de estos productos es muy similar a la de compra real: un 35% de los consumidores navega para ver ebooks y un 34% acaba comprándolos.

 Pero no son solo los ebooks ni lo intangible

Aunque el éxito del ecommerce no está – y no estará – limitado solo a categorías como estas. Efectivamente, desde el principio de los tiempos, lo que más se ha comprado en internet son productos o más bien servicios que no implican diferencia entre tienda o red y en los que la red hace las cosas más sencillas.

Pensemos, por ejemplo, en los viajes. Comprar un billete de avión a través de internet es mucho más sencillo que ir a una agencia de viajes para ello. De hecho, todo lo relacionado con la industria del turismo (billetes de avión, reservas de hotel, etc) es lo que ocupa los primeros puestos de las ventas online y es el punto de entrada de muchos consumidores en el ecommerce. Según el último estudio de intención de compra online de Nielsen, los consumidores seguirán comprando – bastante – estos servicios en la red. Un 44% de los compradores se hará con servicios de viaje en internet, una cifra que supera incluso a quienes navegarán buscando información (un 42%).

También las entradas para eventos y espectáculos se mantendrán altas en la lista de cosas a comprar online. Un 41% comprará estos servicios en internet, aunque solo un 38% navegará para conseguir información para ellos.

Pero lo más interesante de estas cifras, es que los consumidores están más abiertos a comprar otras cosas en internet. De entrada, los usuarios están más que dispuestos a lanzarse al ecommerce. Según los datos de Nielsen, la intención de compra online se ha multiplicado por dos en 12 de las 22 categorías en las que dividen el mercado. Y sí, la ropa tiene una intención de compra del 48% y los zapatos del 42% (productos habituales para comprar en la red) pero no son los únicos que consiguen buenos resultados.

Los compradores están cada vez más dispuestos a comprar también otras cosas en internet, las cosas que hasta ahora seguían dejando en las tiendas offline. Los productos para cuidado infantil (todos esos productos para bebé como pueden ser pañales o similares) han crecido un 12% en intención de compra online, pasando del 8% al 20 en solo tres años. Las bebidas alcohólicas también han subido: el 8% que estaba dispuesto a comprarlas online en 2011 se ha convertido en un 17% en 2014. Y lo mismo ocurre en productos para mascotas, donde se ha pasado de una intención de compra del 9 a una del 21%.

Hacer la compra, tal y como entendemos la que hacemos al ir al supermercado, no ha crecido con un ratio tan prodigioso, aunque el 27% de los encuestados por Nielsen ya tiene intención de comprar productos frescos online. Esta cifra es debida, sobre todo, a la facilidad con la que los millennials se dejan llevar por los supermercados online.

No tiene que ser el final de la tienda offline

¿Están por tanto las tiendas tradicionales condenadas a desaparecer? Las tiendas de toda la vida aún pueden hacer muchas cosas para mantenerse. Pueden aprovechar las bondades de la economía del long tail para buscar intereses de nicho y aprovecharse de ellos. Pueden convertirse en escaparates de la compra online. O pueden hacer de su atención de siempre el elemento diferencial.

Aunque hagan lo que hagan, la verdad es que internet es un competidor cada día más poderoso y sobre todo cada día más presente. Quedarse al margen de los avatares de la red es prácticamente imposible.

By Raquel C. Pico